"Bouvard y Pécuchet" (1881) Gustave Flaubert

 

¿Sentís que vivimos en una época en que tenemos todo el conocimiento al alcance de la mano, pero que aún así parecemos cada vez más ignorantes? Bueno, el primero en sentir esto y plasmarlo en un libro fue Flaubert... 

Entre 1850 y 1880, Gustave pensó y escribió un libro que describiera su época, pero que nunca dejaría de tener actualidad. El auge de las enciclopedias y del conocimiento del mundo plasmado en la hoja al alcance de la mano no se diferencia mucho del conocimiento infinito que nos brinda el celular con el que me leés o que tenés en el bolsillo o que está por ahí muy cerca tuyo. Sin embargo, cada vez nos adentramos más en una era de desinformación, donde el progreso es algo del pasado y debemos acostumbrarnos a que los políticos hagan reformas que empeoran las condiciones de vida eliminando los derechos que supimos tener.

“¡Me aterroriza la Estupidez universal!” (carta, 1874)

¿Qué diferencia hay entre las oleadas de derechas de hoy en día que traen lo más rancio del pasado y la vuelta del 2do Imperio Francés (más aburguesado que nunca) ante una sociedad que ya consideraba la República como el futuro y la monarquía como una antigüedad? Ambas épocas solo traen un sentimiento de decadencia y hastío para ambos pueblos.

¿Qué hacer si no se puede cambiar el presente? Escapar a la realidad y entretenernos para no desesperar pareciera ser la solución común, lo que todos hacemos en este presente de miles de entrenimientos que nos adormecen. Eso es lo que hacen Bouvard y Pécuchet, dos recién jubilados que deciden escaparse de la sofocante realidad parisina y parten al campo. Allí se disponen a conocer todo lo que pueden conocer. Luego de una vida de trabajo quieren poner en práctica todos los conocimientos que su época les puede dar. Los mueve el positivismo del pasado.

No obstante, el aburrimiento y la imposibilidad de hacer algo bien hacen que el decadentismo del presente los embargue. Nunca llegan a concluir con un conocimiento, ni a emplearlo correctamente. Interrumpen su fracaso con la posibilidad de estudiar y desarrollar otra materia. Todo esto sucede porque el conocimiento infinito en sí mismo no importa si no tiene un fin. Por otro lado, siempre se van a los extremos en cada área del conocimiento, no hay balance, todo es claro u oscuro (a veces demasiado oscuro).

Spoiler: Llega un momento en que se ponen a discutir sobre las verdades del Universo, la religión y Dios. Pero llegan al extremo de comprender que nada de lo que los rodea tiene un fin, no hay razón para existir, por lo tanto, en plena Nochebuena intenta suicidarse. Pero hasta en esto fallan... Ven gente cantando villancicos yendo a la Iglesia, entonces los siguen y se reconcilian con la fe (al poco tiempo se vuelven a pelear y siguen con otro tema).

A lo largo de la novela se va notando una inestabilidad en los personajes, en el narrador (a veces habla como un personaje), en los conocimientos que devoran, que pintan muy bien esa época de cambios políticos y estéticos, donde no hay un futuro claro, ni un pasado sobre el cual asentarse.

Con todo esto, Flaubert habla de la otra cosa que se puede hacer ante un presente decadente: evidenciarlo. Con las acciones y pensamientos de sus personajes marca las incongruencias de su tiempo. Esa, creo yo, es una salida posible. Del conocer la realidad en que vivimos saldrá la acción para cambiarla.

Flaubert escribió la novela durante la Guerra Franco-Prusiana, episodio que desató la desesperanza que largamente sintió sobre cómo se sucedían las cosas en Francia. En una carta en 1872, el escritor dijo con respecto al libro: “Vomitaré sobre mis contemporáneos el asco que me inspiran”. Un sentimiento de venganza hacia sus coetáneos es evidente.

El escritor francés publicó pocas obras a lo largo de su vida ya que poseía un hábito de escritura intenso y casi autodestructivo. Sobre este último libro confesó:

Ando a tientas, tacho, me desespero. Anoche tuve un violento dolor de estómago. Pero la cosa va a marchar. Tiene que marchar. Las dificultades de este libro son aterradoras. ¿Podría aniquilarme? Lo importante es que me mantendrá ocupado durante muchos años. Mientras uno está trabajando, no piensa en su miserable yo” (1874)

Efectivamente la novela terminó por aniquilarlo. Flaubert murió en 1880 dejándola inconclusa, pero con un manuscrito que contenía la estructura del final.

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A pesar mio, desde el comienzo de la obra no pude evitar una idea, la cual fue asentándose con el paso de la lectura: ¿Bouvard y Pécuchet son una pareja homosexual? Sé lo anacrónico que suena y lo poco que se toca este tema en la obra de Flaubert, pero ¿qué tan errado está el pensamiento? Por el lado del autor, nunca estuvo relacionado con una mujer seriamente, vivió solo hasta su fin, lo mismo que sus dos personajes. Así mismo, por el lado de los protagonistas, la relación intensa que se da entre los dos jubilados lleva a pensar que hay algo más que los une que una simple amistad, hay pasajes que parecieran hacer alusión a algún tipo de acto sexual: Capítulo III, inmediatamente después que Pécuchet confiesa a Bouvard que es virgen por no encontrar a la mujer indicada, su amigo le dice que le va a ayudar; acto seguido Pécuchet se encuentra desnudo y ambos realizan un experimento que implica producción de calor y movimientos pélvicos (sin éxito, como todo lo que hacen)...   

La conexión emocional entre ellos no me dejó pensar otra cosa. Todo lo hacen y piensan juntos; si disienten, se comprenden; incluso si se pelean, al rato vuelven a amigarse. Parecen las aventuras de dos hombres que no tienen suerte con las mujeres como la sociedad les dice que deben tener, entonces se refugian en el campo a ser felices juntos. Ellos no las necesitan en sí, las mujeres aparecen en situaciones excepcionales que podrían reflejar una idea de bisexualidad o de querer satisfacer una presión social: la relación de Bouvard con la señora Bordin y la violación (sí, violación) de Pécuchet sobre su criada Mélie.

Algo que nutre mi teoría es que antes de conocerse ambos tuvieron otra relación intensa con otros hombres, cada uno contaba con un amigo de ciudad: Barberou y Dumouchel. Este último luego volvería a restregarle en la cara a Pécuchet su vida aceptable socialmente con su esposa.

Hacia el final de la novela, el poblado en el que se habían instalado se rebela en contra de Bouvard y Pécuchet. Tras gran cantidad de ideas peligrosas (anti religiosas y anti status quo) diseminadas por esos lugares, los dos hombres son enjuiciados judicial y socialmente. ¿Acaso no podría también ser un juicio por vivir juntos? En ese, su peor momento, donde todos están contra ellos es cuando aparece Dumouchel con su esposa (la relación sana, donde un hombre oculta sus pulsiones homosexuales y parece tener una vida heterosexual perfecta).

Quizás todo sea cosa mía, pero a medida que leía no paraba de encontrar argumentos que me daban la razón. Después de todo sigue siendo la historia de dos hombres que llevan al campo las ideas modernas de la ciudad.

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En fin, es una obra que claramente habla de manera irónica sobre su actualidad y que puede pensarse aún en nuestro presente, sobre la vida, los vínculos y los conocimientos que creemos que tenemos. No deja de ser entretenida, como quiso Flaubert, y me impulsa a leer más de él (me llaman Tres cuentos y Madame Bovary). Como detalle aparte, lo leí en una edición de 1946, barata y bonita.

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